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Cultura

Política, suspenso y pasión, ofrece la novela ambientalista El plan quetzal

Norma L. Vázquez Alanís/Club Primera Plana
14 ENERO 2009

La cara real de la política mexicana, sin el maquillaje del discurso triunfalista, y las maniobras realizadas como en un tablero de ajedrez por los hombres que ocupan cargos clave en los altos niveles de gobierno federal, son develados a los ojos de los lectores por el ambientalista Luis Manuel Guerra en su libro `El plan quetzal`.

Con una prosa de fácil lectura por su lenguaje muy coloquial, el conocido conductor de programas de divulgación científica logra atrapar la atención del leyente sobre un suceso tomado de la vida real de México, y que abordado de otra forma hubiera resultado harto tedioso.

La trama de la novela `El plan quetzal` -que el autor subtitula `Tabasco: crónica de una inundación anunciada`, a nuestro juicio poco afortunada porque nos remite a Gabriel García Márquez- tiene como eje los fenómenos meteorológicos que afectaron al sureste de México en 2007, trayendo consigo lluvias mucho más abundantes de lo normal.

Esta situación tomó desprevenidos tanto al gobierno de Tabasco como al federal y la tragedia no se pudo evitar, porque en México no existen planes de protección civil además de que los políticos nunca consideran rentable la prevención y cuando surge una catástrofe natural pretenden resolverla en el momento.

En `El plan quetzal`, Luis Manuel Guerra, quien es químico de profesión y ambientalista de corazón, entrecruza el relato del protagonista del operativo gubernamental encaminado a detener el caudal del río Grijalva, en Tabasco, con la historia de dos familias, una tzeltal de Chiapas que busca una tierra dónde establecerse en la zona ribereña fronteriza entre ambos estados, y otra de unos prestigiados fabricantes de sombreros en Villahermosa.

Hay otros personajes importantes: los políticos mexicanos, quienes manejan los capitales a su favor, aunque el costo de sus "triunfos" sea la pérdida de muchas vidas humanas y el cumplimiento de misiones peligrosas para los trabajadores de nivel medio del gobierno federal, quienes también exponen su supervivencia para encubrir los errores y negligencia de los que están al frente de la protección civil nacional.

Julián, la figura central de la narración, es el ingeniero encargado de comandar "el plan quetzal", cuyo objetivo es provocar el desgajamiento de un cerro para paralizar el cauce del río Grijalva e impedir que aumente su caudal por las precipitaciones pluviales que descargarán ahí nuevos meteoros, pero haciéndolo parecer obra de la naturaleza porque así las muertes no serán imputables a la falta de previsión de las autoridades locales y federales, que generalmente ignoran los pronósticos de los especialistas.

En `El plan quetzal`, publicado en 2008 por Grupo Editorial Patria con el apoyo de la Fundación Miguel Alemán, AC, el químico Guerra revela también la falta de equipo adecuado para el personal que lleva a cabo estas operaciones riesgosas y el incumplimiento de los mandos superiores en la salvaguarda de la población civil, expuesta a la fuerza de la naturaleza por las resoluciones de última hora ante la inminencia de una catástrofe previsible.

También evidencia que el "gobernador maratonista" de Tabasco no realizó obra alguna para evitar en Villahermosa inundaciones como las ocurridas en 1999 durante su mandato, las más graves en 50 años, y recuerda lo que tanto han repetido los analistas políticos, la mala memoria histórica de los mexicanos, que tan sólo ocho años después no relacionaron las causas de la nueva tragedia con el olvido voluntario del gobernante local.

Aunque el estilo narrativo evoca por momentos al de otro ecologista, Homero Aridjis en su novela `La zona del silencio`, también protagonizada por un científico -en este caso astrónomo-, Guerra logra transmitir al lector el miedo que sienten Julián y su equipo al ejecutar "el plan quetzal" en condiciones totalmente adversas.

En esa parte de la novela el lector está con el alma en un hilo ante el temor de que Julián y sus acompañantes pierdan la vida en cualquier momento, sospechando además que la población tzeltal de La Vega del Río será sacrificada inútilmente.

Se agradece al autor que la historia tenga un desenlace imprevisto y que incluya escenas cotidianas como una conferencia de prensa o la llegada de una familia indígena a una nueva comunidad, con una carga de erotismo capaz de electrizar hasta al más insensible lector.

Y Leona, la protagonista femenina, seguramente está inspirada en Sandra, a quien dedica el libro con una oda a la "figura alegre", en la cual se intuye que su personalidad y atributos físicos los plasmó el químico Guerra en la joven geógrafa que le "mueve el tapete" al ingeniero Julián.

En este volumen de 250 páginas, Luis Manuel Guerra muestra al público una faceta poco conocida de su pluma -que parecía ser la de un científico sólo ocupado de la divulgación e investigación-, la sensual, que se regodea en la descripción de mujeres voluptuosas, atrayentes del sexo opuesto aun sin proponérselo.

Vale la pena leer esta novela para conocer el ajedrez de la política mexicana y tomar conciencia de cómo la humanidad está acabando con el planeta.


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